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NUESTRAS NOTICIAS
El camino para superar la crisis energética desde la sostenibilidad
Reducir el consumo es deseable, pero solo si es buscando una eficiencia y cambiar un comportamiento entendido más como nuestra relación con el recurso agua y energía.
Ambas situaciones obligan a tomar medidas que son interdependientes: a reducir nuestro consumo de agua y de energía. Pero esto en realidad va mucho más allá.
Hoy, según datos de XM (el operador del mercado eléctrico en Colombia) las reservas hídricas a nivel nacional están a menos del 29 % y unos aportes a la energía para lo que va de abril de un 42,71%.
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Pero, también según datos de XM, los aportes, a mediados de la tercera semana de abril, de la energía renovable no convencional (biomasa, eólica y solar) estaban apoyando a gestionar esta crisis, con un aporte de más del 5%. Las otras fuentes de energía renovable desempeñaban un papel crucial. La reflexión no gira en torno de si las térmicas están cubriendo gran parte de la demanda, sino en el potencial de lo que otras fuentes renovables puedan hacer sin implicar un daño ambiental adicional, entendido como la emisión de gases de efecto invernadero y la cadena de suministro de los combustibles fósiles.
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El sexto informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) nos dice que la expansión de fuentes eólicas y solares tiene su mayor adopción y el más bajo costo para implementar, y que la descarbonización de los sistemas energéticos es la estrategia principal para mantener la temperatura por debajo de los 1,5°C. En conclusión, hay que hablar de complementariedad para tener seguridad, y una verdadera seguridad planetaria y energética depende de la diversificación de la canasta de energía con fuentes renovables como solar, eólica, geotérmica y biomasa de bajo impacto.
Frente a una coyuntura del fenómeno de El Niño que amenaza nuestra seguridad hídrica y energética, la discusión se ha volcado a encontrar responsables y soluciones únicas, y en realidad no es así. Como todo en la vida, las soluciones son complejas, integrales, que consideran muchos factores y con un alto grado de incertidumbre. En este caso, se trata de una serie de estrategias en todos los escalafones de la economía para poder evitar la actual y futuras crisis. Por eso, nos centraremos en el consumo.
Reducir el consumo es deseable, pero solo si es buscando una eficiencia y cambiar un comportamiento entendido más como nuestra relación con el recurso agua y energía. Una reducción temporal lo único que provoca es un efecto rebote, que ya lo vimos después de la pandemia, donde el consumo de energía (y emisiones) creció más de lo que se redujo durante el confinamiento, y ese aumento es sostenido.
En agua, los resultados son desiguales, pero la demanda hídrica aumentó en los sectores piscícola (+31,4%) y doméstico (+4%), y la huella hídrica en los sectores piscícola (+471%), doméstico (+35,8%), pecuario y sacrificio (+18,4%), hidrocarburos (+580%) e industria manufacturera (69,9%).
Pero volvamos a energía, en el 2018 la UPME hizo un Balance de Energía Útil, es decir, qué tan eficientemente estamos consumiendo la energía. El promedio de esa energía útil fue de 33% de la energía final, donde dice que la eficiencia global puede crecer entre un 1,1 y 2,2 veces. El sector industrial tiene una energía útil del 62% de la energía final, con oportunidades para mejorar los procesos de producción de vapor (que usan agua) y de energía eléctrica (en motores / refrigeración).
En el sector terciario y residencial, solo el 18% de la energía final se puede considerar útil, en el que se presentan las principales oportunidades en iluminación, refrigeración y electrodomésticos. Este balance no considera los cambios de comportamiento, sólo el componente tecnológico.
Las medidas más costo efectivas en materia de tecnología y cambios de comportamiento ya están dadas. El Programa de Uso Racional de la Energía (PROURE) recoge las acciones prioritarias, ahora, se debe acelerar la implementación y reducir ese incremento sostenido de recursos que, aún si fuera energía verde, estaría mal utilizada.
Antes de pensar en hablar de aumentar la generación con fuentes renovables o defender el respaldo con las térmicas, debemos cambiar la forma de relacionarnos con los recursos agua y energía. Todos tenemos que poner de nuestra parte.
© WWF / Anton Vorauer
Frente a una coyuntura del fenómeno de El Niño que amenaza nuestra seguridad hídrica y energética, la discusión se ha volcado a encontrar responsables y soluciones únicas, y en realidad no es así.