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A pesar de algunos vacíos, la COP30 logra victorias importantes para mantener viva la lucha por alcanzar las metas climáticas globales
Fin de la deforestación y abandono de los combustibles fósiles, premisas fundamentales para enfrentar la crisis climática, ganan impulso, aunque fuera de los resultados oficiales:
Por WWF-Brasil
Diez años después del Acuerdo de París, el mundo tiene una conferencia climática que debe pasar a la historia. Celebrada en un escenario geopolítico global desafiante y con la ausencia de algunos de los mayores responsables de la contaminación del planeta, la COP30 trajo una serie de avances y conquistas. Aunque nos vamos de Belém con la meta climática todavía fuera de alcance, esta puede estar más cerca gracias a procesos paralelos e innovadores de negociación creados por la presidencia brasileña.
WWF América Latina y el Caribe celebra la decisión de crear dos hojas de ruta lideradas por la presidencia de la COP30: una sobre cómo detener e invertir la deforestación hasta 2030, y otra sobre el fin de los combustibles fósiles, ambas guiadas por la ciencia. La decisión, anunciada en la plenaria final de la conferencia, permite la realización de diálogos de alto nivel con gobiernos, industrias, trabajadores y organizaciones de la sociedad civil, e integra esos resultados a la COP a través de informes. La primera conferencia internacional sobre combustibles fósiles en Colombia aportará las primeras contribuciones.
“Aunque no se trate de una decisión formal de esta COP, este anuncio permite avanzar hacia el fin de los combustibles fósiles, la principal fuente de los gases que están alterando el clima en todo el planeta. Pasamos de una situación de completo silencio a otra en la que el tema está sobre la mesa. Se trata de un avance sin precedentes en la historia de las COP climáticas”, destaca Maurício Voivodic, director ejecutivo de WWF-Brasil.
Para el director ejecutivo, “la COP30 presentó resultados importantes que van más allá de los textos oficiales de negociación, y esto debe ser tenido en cuenta. La acción climática no está —y no debería estar— restringida a las conversaciones formales. La presidencia reestructuró la Agenda de Acción y movilizó 117 planes para acelerar soluciones a gran escala, involucrando sectores en todo Brasil y en el mundo, en una COP marcada por la fuerte inclusión de grupos sociales como pueblos indígenas y comunidades locales. El lanzamiento del TFFF (sigla en inglés de Mecanismo Bosques Tropicales para Siempre), destinado a financiar la reducción de la deforestación en países tropicales, fue uno de los hitos de Belém”.
Flávia Martinelli, especialista en Cambio Climático de WWF-Brasil, resalta que “las negociaciones en torno a la Meta Global de Adaptación fueron una evidencia de lo desafiante que es conciliar diferentes visiones entre más de 190 países con realidades locales tan diversas. La presidencia se esforzó por proponer un texto que atendiera distintas perspectivas, pero terminó generando descontento en varios países con la propuesta de nuevos indicadores. El texto actual, que fue objetado, propone adoptar los 59 indicadores y trabajar en su refinamiento después de Belém. Estos ajustes serán fundamentales para dejarlos listos para ser utilizados por los países y avanzar en la implementación”.
Esa objeción fue también una demostración de la resiliencia del multilateralismo. A pesar de las diversas reservas expresadas sobre el proceso durante la plenaria final, que tuvo que ser interrumpida, la COP30 se caracterizó por consultas formales e informales —que la presidencia calificó como un proceso colectivo de terapia.
Alexandre Prado, líder de Cambio Climático de WWF-Brasil, recuerda que “la COP30 aterrizó en Belém con expectativas enormes: la COP de la Verdad, de la Implementación, de la Inclusión y de la Innovación. Incluso con las limitaciones de un proceso contencioso entre más de 190 países en un momento geopolítico desastroso, el encuentro entregó una participación amplia, con miles de personas debatiendo sobre cambio climático desde diferentes perspectivas: liderazgos políticos, empresariales, indígenas, afrodescendientes, mujeres, juventudes y niñeces”. Añade que la conferencia “puso al bosque en el centro de las discusiones y tuvo el coraje de enfrentar los fantasmas y las topadoras de quienes más causan el desastre climático: las emisiones de combustibles fósiles y la deforestación”.
"Belém nos deja una señal clara", señala María Inés Rivadeneira, Líder de Políticas de WWF América Latina y el Caribe y WWF Ecuador: el mundo aún no toma las decisiones valientes que necesitamos para salir de la encrucijada de un sistema de producción insostenible que pone al límite la vida. Pero desde Latinoamérica, y junto a una ciudadanía global cada vez más consciente, sabemos que la esperanza se construye con acción y cooperación real. La transición justa es un primer paso, y hay que avanzar con decisión en compromisos firmes sobre combustibles fósiles y deforestación. Corresponde a toda la comunidad internacional y a nuestra región convertir ese impulso en políticas que protejan la vida, los bosques y a quienes los habitan. La Amazonía y los ecosistemas del planeta nos llaman a un Mutirão global, una minga solidaria y valiente, para cambiar el rumbo”.
Para Tatiana Oliveira, líder de Estrategia Internacional de WWF-Brasil, “la COP30 marca un antes y un después: reconoce que la acción climática va más allá de las salas formales de la CMNUCC. La distancia entre la fuerza social y las frágiles páginas del acuerdo muestra que las soluciones vienen de las personas y de los territorios. Es una señal clara de las limitaciones de la gobernanza global, pero también una invitación a un futuro de lucha, colaboración y esperanza. Muchas de las victorias que realmente importan, como la inclusión de personas afrodescendientes en el texto y la mención a los derechos territoriales de los pueblos indígenas y al CLPI (Consentimiento Libre, Previo e Informado), son pasos históricos que ayudan a garantizar derechos”, destaca