Aguas internacionales, un reto para la humanidad | WWF

Aguas internacionales, un reto para la humanidad

Posted on
03 septiembre 2020


Por Pablo Guerrero, Director de Conservación Marina WWF Ecuador
 
Han pasado algunas semanas ya, desde que se dio a conocer la noticia sobre la presencia de una gran flota china que se encuentra operando en el corredor marítimo internacional entre las zonas económicas exclusivas (ZEE) insular y la del Ecuador continental. La presencia de esta flota industrial compuesta por 340 embarcaciones incluye a barcos pesqueros, buques cargueros (reefers), buques tanque de combustible y buques de abastecimiento, inquieta al mundo, dada su cercanía al Parque Nacional Galápagos y su Reserva Marina, sitios de Patrimonio Mundial de la Unesco.

En aguas internacionales, que es donde actualmente se ubica esta flota, según la CONVEMAR, se pueden realizar actividades pesqueras sujetas a medidas de manejo y conservación. En otras palabras, no existe libertad de pescar de forma indiscriminada, ya que la misma CONVEMAR, instrumento legal ratificado por 168 países, incluidos China y Ecuador, manda a que los estados cooperen en el manejo de los recursos transzonales y altamente migratorios a través de los Organismos Regionales de Ordenación Pesquera (OROPs).

Los barcos de esta flota, según lo reportado por el Ministerio de Defensa Nacional, estarían pescando calamar, lo que legalizaría sus actividades, ya que la región tiene una pesquería de calamar regulada por la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO). China, al igual que el Ecuador, es miembro de la SPRFMO, que tiene una serie de regulaciones y normativas de manejo vigente, que incluyen el registro de las embarcaciones.

El problema con esta sobredimensionada flota es que su método de operación “en manada”, abre las puertas al cometimiento de una serie de irregularidades, como por ejemplo, a que entre las embarcaciones legalmente registradas, se filtren barcos ilegales que no están registrados en la SPRFMO, y por tanto, no autorizados a pescar en aguas del Pacifico Oriental.

Por otro lado, las actividades de trasbordo de la pesca en altamar por parte de barcos pesqueros hacia buques de carga (conocidos como “Reefer” o barcos nodriza), les permite quedarse en alta mar por largos periodos de tiempo, evitando que incurran en los costos que les implicaría volver al puerto de origen para descargar la pesca periódicamente. Esto hace que la flota permanezca por largos periodos de tiempo 100% operativa en los campos de pesca. Esta actividad, si no es adecuadamente monitoreada por observadores, como sucede actualmente en la SPRFMO, puede llevar a provocar sobrepesca sobre los stocks, y convertirse en punto de entrada para que la pesca capturada ilegalmente ingrese en la cadena de comercialización de productos legales. Asimismo, el trasbordo está íntimamente relacionado al uso poco controlado de banderas de conveniencia y a malas condiciones laborales abordo, incluyendo prácticas de neo-esclavitud y en general, a otros abusos contra los derechos humanos, debido a los prolongados periodos de permanencia en altamar.

Adicionalmente, la Armada del Ecuador ha reportado que muchos de estos barcos, a fin de hacerse “invisibles” al control satelital, desactivan frecuentemente los sistemas de identificación automática (AIS); y además, cambian múltiples veces de bandera, clonan embarcaciones operando como barcos “gemelos” mientras una de estas desactiva sus sistemas de ubicación. Un tema también de suma importancia, relacionado al cumplimiento de disposiciones del Convenio MARPOL (Convenio Internacional para prevenir la contaminación por los buques), es que, durante el alije y reabastecimiento de combustible, sólo el buque carguero (reefer), mantiene los localizadores en servicio. Los buques pesqueros que se acercan a ellos lo hacen con los dispositivos apagados. Sin observadores a bordo, ¿cómo saber que durante estas operaciones no se producen derrames en altamar?

La moratoria anunciada recientemente por el gobierno de la República Popular de China, para dejar de pescar al oeste de Galápagos inició el primero de septiembre y resulta ser una medida importante pero insuficiente. La SPRFMO, es decir, la OROP encargada del manejo del calamar gigante en el Pacífico Sur, no ha realizado un estudio que certifique que las áreas mencionadas por el Gobierno chino corresponden a áreas de desove del calamar gigante y que por lo tanto son importantes de precautelar en determinada época del año. Es decir, no hay confirmación científica, aunque se podría suponer que China tiene los datos para respaldar esa medida de carácter unilateral. Y ese es precisamente el problema, la poca cooperación con otros estados para gestionar los recursos pesqueros en aguas internacionales. Como lo señalamos anteriormente, estos espacios de cooperación, según la CONVEMAR y el Acuerdo de Nueva York para especies altamente migratorias, son las OROP. China, debería remitir la información que tiene sobre la pesca del calamar gigante a la SPRFMO, para que sea la OROP la que analice la información y luego tome las medidas de conservación que sean aplicables a todos los países de esta región interesados en este recurso pesquero.

Más allá de este anuncio unilateral, el problema sigue siendo el mismo, tenemos frente a nosotros, operando en aguas internacionales, una flota “calamarera” enorme, altamente subsidiada por su gobierno, operando con una estrategia de pesca que debe ser controlada por la SPRFMO.

Con estos antecedentes, y habiendo pasado más de un mes desde la llegada de la flota, nos permitimos hacer y actualizar algunas sugerencias de solución a corto, mediano y largo plazo. Estas medidas se encuentran en nuestro pronunciamiento “Por una conservación sin límites marítimos: declaración de WWF-Ecuador ante la presencia de una flota pesquera extranjera en las cercanías de la Reserva Marina de Galápagos”

Esta historia muestra que nuestros océanos siguen estando bajo una enorme presión debido a las actividades humanas. Los servicios que los océanos le prestan a la humanidad son invaluables, es más, el futuro de la humanidad depende de la salud de nuestros océanos, que en buenas condiciones se encargan de proveer alimento, sostener empleos, proteger nuestras costas y combatir el cambio climático. Sin duda, hay una urgente necesidad de que todos asumamos un compromiso por la protección de la biodiversidad marina que permita construir un futuro en el que la naturaleza y el ser humano prosperen.

Esperamos el próximo año vivir un escenario diferente, cuando inicie el mes de julio, que los encabezados de las noticias no estén repletos de alarmas anunciando nuevamente la presencia de una flota sobredimensionada localizada al límite de nuestra zonas económicas exclusiva, carente de un sistema de control adecuado. Que el año 2021 tenga noticias positivas sobre los avances en la incorporación de las soluciones viables y una mitigación a esta compleja problemática. Que las aguas internacionales sean espacios en donde las naciones cooperen por la conservación y el buen uso de los recursos pesqueros, un escenario donde juntos trabajemos para garantizar un futuro sostenible.
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