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Guardianes del río Guatapurí: así se conserva la biodiversidad desde una visión indígena
Para los pueblos indígenas, Arhuaco y Kankuamo, este río es un ser vivo. Es la sangre que corre por el cuerpo de la Sierra Nevada de Santa Marta: el corazón del mundo.
La conservación del Guatapurí no solo protege su biodiversidad, sino que contribuye a conectar biológicamente distintas regiones de la Sierra. Foto: WWF Colombia,
En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta se respira espiritualidad, biodiversidad y memoria ancestral. Es ahí donde fluye el río Guatapurí, conocido por los Arhuacos como Doamuriba. El afluente no es solo una fuente de agua: es una arteria sagrada que conecta ecosistemas y culturas. Su conservación, liderada hoy por pueblos indígenas y respaldada por instituciones, es un ejemplo de cómo la naturaleza y la tradición pueden caminar juntas hacia un futuro sostenible.
¿Pero por qué el río Guatapurí es clave para la Sierra Nevada? Nacido en las cumbres nevadas, desciende hasta alimentar ecosistemas tan diversos como el bosque seco tropical, la ciénaga de Zapatosa y el desierto de La Guajira. En su trayecto, sostiene la vida de miles de personas y especies, incluyendo a los habitantes de Valledupar, ciudad que depende de sus aguas.
Los pueblos indígenas integran conocimientos como los ciclos lunares, la ubicación de sitios sagrados, y el uso de especies nativas con funciones espirituales y ecológicas. Foto: WWF Colombia.
Pero su importancia va más allá de lo hídrico. Para los pueblos indígenas, el Guatapurí es un ser vivo, un espíritu. Es la sangre que corre por el cuerpo de la Sierra, “el corazón del mundo”.
El vínculo espiritual con el territorio: cosmovisión Arhuaca y Kankuama
Desde la mirada Arhuaca y Kankuama, conservar el río no es un acto técnico, sino un deber espiritual. “El río Doamuriba es esencial no solo para nosotros, sino también para la sociedad no indígena”, afirma Dwiruuney Torres, Comisionado Ambiental del pueblo Arhuaco. Esta visión sostiene que cada elemento del territorio como el agua, plantas, animales, montañas, tienen un espíritu que debe respetarse y protegerse.
Un proyecto en marcha
La restauración ecológica de la cuenca del Guatapurí hoy es una realidad en gran parte por el Pago por Servicios Ambientales (PSA). Pero, ¿de qué se trata?
El PSA es un esquema de conservación que promueve que las comunidades protejan ecosistemas vitales a través de incentivos que reconocen sus aportes a la conservación. En la cuenca media del Guatapurí, esta herramienta ha sido implementada de forma innovadora, combinando criterios científicos con prácticas ancestrales. Las cifras nos hablan ya de hectáreas protegidas, viveros y plántulas sembradas.
Desde mayo de 2024, 250 hectáreas de bosque están en proceso de protección y se restaurarán otras 210. Los Arhuacos han identificado zonas prioritarias, diseñado cerramientos y preparado los suelos para la siembra. Por su parte, los Kankuamos ya cuentan con cinco viveros comunitarios que donde se han propagado más de 31.000 plántulas, de las cuales 12.000 ya fueron sembradas.
“Para nosotros es importante el proyecto de PSA porque busca uno de los principios elementales del pueblo Kankuamo: la protección de los recursos naturales, como el agua, las plantas, los animales, y en general la vida que existe en el interior del resguardo. Este proyecto nos permite mejorar las condiciones ambientales de áreas que han sido intervenidas por otros actores y que hoy buscamos recuperar”, explica Víctor Eduardo Martínez, miembro del pueblo indígena Kankuamo.
Sabiduría ancestral y conservación: un diálogo que da frutos
Además, a través de procesos de formación intercultural, los pueblos Arhuaco y Kankuamo están fortaleciendo sus capacidades organizativas y técnicas. Foto: WWF Colombia.
La restauración no se reduce a sembrar árboles. Los pueblos indígenas integran conocimientos como los ciclos lunares, la ubicación de sitios sagrados, y el uso de especies nativas con funciones espirituales y ecológicas. Esta sinergia entre ciencia y tradición garantiza resultados más profundos y duraderos.
Además, a través de procesos de formación intercultural, los pueblos Arhuaco y Kankuamo están fortaleciendo sus capacidades organizativas y técnicas. Así, no solo se cuida el territorio, también se construye autonomía y se transmiten saberes a nuevas generaciones.
Recuperación de sitios sagrados y gobernanza territorial
Uno de los impactos menos visibles, pero más significativos del proyecto, es la recuperación de sitios sagrados. Restaurar estos espacios implica sanar heridas, reencontrarse con la memoria ancestral y fortalecer la gobernanza territorial desde adentro.
La conservación del Guatapurí no solo protege su biodiversidad, sino que contribuye a conectar biológicamente distintas regiones de la Sierra. Y, al mismo tiempo, reafirma la sostenibilidad cultural de pueblos que han convivido en equilibrio con el entorno por siglos.
Instituciones, pueblos y territorios: una alianza por el agua
Lo que ocurre en la cuenca del Guatapurí es mucho más que un proyecto ambiental. Es un acto de reencuentro con el territorio, un ejercicio de memoria y un pacto por la vida. Los pueblos Arhuaco y Kankuamo, guardianes del corazón del mundo, nos enseñan que la verdadera sostenibilidad nace del conocimiento profundo del lugar.
Este proceso es impulsado por WWF, el Fondo Colombia en Paz, Corpocesar, el Ministerio de Ambiente, la Agencia de Renovación del Territorio, el programa Colombia Sostenible y Corpocesar, pero el liderazgo indígena es la base.
“En este territorio, que alberga la visión ancestral y espiritual de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra, los acuerdos comunitarios y entre pueblos son fundamentales para alcanzar metas comunes de conservación”, destaca Dora Milena Zapata Grajales, gestora del Mosaico Caribe de WWF Colombia.