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El cuidado de los bosques de Santander, una tierra de frutos valiosos
Las comunidades se sienten orgullosas por la conservación de los árboles, los cultivos sostenibles y el turismo de naturaleza.
En su finca, Viviana ha implementado sistemas agroforestales con café: un modelo que mezcla cultivos agrícolas y cría de animales con la siembra de árboles y arbustos alrededor. Foto: WWF Colombia.
En San Vicente de Chucurí, un municipio santandereano que ha vivido épocas difíciles y que hoy renace desde la organización comunitaria, el cuidado de los bosques son un motivo de orgullo. Aquí, conviven cultivos de cacao, café y aguacate con el turismo de naturaleza y la cultura local. La gente habla de su propio territorio como “La tierra de los frutos valiosos de Colombia”.
Y entre esas personas que impulsan esta transformación de cuidado de la naturaleza está Viviana González, una mujer que encontró en el bosque no solo una forma de vida, sino un propósito.
Viviana tiene 40 años y vive en San Vicente de Chucurí. A los 19 años dejó sus estudios para dedicarse al cuidado de sus hijos y se entregó de lleno a la vida rural. Con esfuerzo consolidó una finca productiva de café, cacao y aguacate, y fue allí, entre cultivos y experiencias, donde descubrió el poder de la organización comunitaria.
Su trabajo la llevó a vincularse a la Asociación Agroforestal de Chucurí (ASAFCH), una organización sin ánimo de lucro que promueve el aprovechamiento legal, selectivo y sostenible de los bosques, así como la comercialización responsable de productos maderables y no maderables a pequeñas, medianas y grandes empresas, con el fin de mejorar el bienestar de las familias locales.
Cuando ingresó a la Asociación, tuvo que empezar desde lo básico: aprender a usar un computador, redactar actas, enviar correos y poner en orden la documentación administrativa. Con disciplina y curiosidad, pasó de ser miembro de base a convertirse en secretaria general de la Asociación, rol que acompaña con sus responsabilidades como monitora forestal comunitaria, un propósito que hoy la llena de orgullo.
Su liderazgo la motivó también a retomar los estudios profesionales y avanzar en formación agropecuaria, fortaleciendo una visión integral sobre producción sostenible, biodiversidad y bienestar comunitario.
Un inicio desde ceros
En su finca, Viviana ha implementado sistemas agroforestales con café: un modelo que mezcla cultivos agrícolas y cría de animales con la siembra de árboles y arbustos alrededor. Y gracias a este sistema con sus propios ojos ha visto como en los últimos años los suelos se fortalecen, la humedad se regula y la fauna regresa. Los árboles protegen la calidad del agua de ríos y quebradas al mismo tiempo que aportan sombra; las aves vuelven a cantar; y los cultivos crecen mejor ya que el bosque está vivo.
Este enfoque le permitió comprender su rol dentro del territorio, en sus propias palabras: “Nosotros fuimos los que llegamos a utilizar la tierra… a vivir y a desplazar a los animales que existían en ese territorio. La idea es hacer ese acompañamiento para que lo que existe en la zona y nosotros, los seres humanos, podamos convivir de una manera armoniosa” .
Conocer el bosque como la palma de la mano
El monitoreo forestal comunitario es una práctica en la que miembros de la comunidad se encargan de conocer, registrar y cuidar su bosque. Es una tarea técnica y a la vez profundamente territorial: quienes monitorean son personas que han caminado estas montañas y que hoy registran con precisión científica lo que sucede en ellas.
Una monitora o monitor forestal, como Viviana, identifica las especies de árboles y conoce sus características y posibles usos; mide el diámetro de los troncos para estimar edad y crecimiento; toma coordenadas y mapas para registrar la ubicación de cada individuo; observa cambios en el bosque y reporta novedades, y genera información verificable que guía las decisiones de la comunidad sobre cómo aprovechar, cuidar o restaurar el territorio .
El trabajo de las y los monitores forestales ha sido fortalecido a través de talleres en manejo del bosque, legalidad, planificación, conservación acompañados por FSC y temas administrativos como contabilidad y operaciones, desarrollados desde hace cinco años por WWF Colombia permitiendo que comunidades como ASAFCH gestionen sus bosques con conocimiento y autonomía. También enseñan a niños y jóvenes prácticas de regeneración natural: dejar crecer los árboles espontáneamente, proteger las semillas que caen y acompañar a los visitantes en el aprendizaje sobre cómo pequeñas acciones pueden transformar un paisaje .
Superar barreras y sembrar esperanza
Durante años, muchas personas se desanimaron a proteger los árboles por la dificultado y lentitud en la gestión de los permisos de aprovechamiento forestal. Hoy, gracias a procesos de formalización, acompañamiento y manejo sostenible, ese panorama ha empezado a cambiar:
“La gente decía que no valía la pena cuidar un árbol porque un permiso podía tardar años. Hoy vemos que sí se puede manejar bien un bosque: se aprovecha, pero también se deja semilla para que en diez o quince años vuelva a regenerar” .
Viviana es el reflejo de una comunidad que se organiza, aprende, se fortalece y se levanta, donde la organización comunitaria ASAFCH y el liderazgo rural, están demostrando que los bosques pueden gestionarse con conocimiento, legalidad y esperanza.
Procesos como este han sido desarrollados gracias al trabajo en equipo entre WWF e IKEA a nivel mundial. En Colombia, esta alianza ha desarrollado estrategias de conservación y gobernanza para salvaguardar los bosques y promover prácticas sostenibles en Santander, Cauca y Antioquia, generando impactos positivos al conectar los objetivos globales de sostenibilidad de IKEA con las realidades y los retos de las comunidades.
Esta historia de vida cuenta cómo florecen las oportunidades, la paz y la vida cuando se unen el conocimiento tradicional, la corresponsabilidad y la esperanza.