Día Mundial de la Biodiversidad: la nueva normalidad debe considerar a la naturaleza como base de nuestra supervivencia | WWF

Día Mundial de la Biodiversidad: la nueva normalidad debe considerar a la naturaleza como base de nuestra supervivencia

Posted on
22 mayo 2020


22 de mayo del 2020. Quito, Ecuador. Desde microscópicas bacterias, pasando por grupos de hormigas capaces de cargar hasta 20 veces su peso, abejas que vuelan casi tres vueltas al mundo para producir 500 gr de miel, árboles cuya corteza guarda la cura para enfermedades como la malaria, hasta majestuosos tiburones ballena que llegan a medir 20 metros. Formas de supervivencia en el aire, el agua y la tierra; hongos, orquídeas y manglares. La biodiversidad es la red de la vida, una red formada por cada uno de los organismos vivos que interactúan y se conectan entre sí, manteniendo el equilibrio del planeta. Ese equilibrio que permite la subsistencia del ser humano y hace de esta tierra un lugar habitable para todos.

Desde hace algunos años, expertos y científicos aseguran que la tierra está atravesando la era del “Antropoceno”. La humanidad se ha convertido en una “fuerza geológica” capaz de alterar los ciclos de la naturaleza, llevando al límite la estabilidad del planeta. Según el Informe Planeta Vivo 2018 de WWF, en los últimos 50 años las poblaciones de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles se redujeron en promedio un 60%. De igual forma, la primera Evaluación Global de Biodiversidad, publicada por el IPBES el año pasado, asegura que el 75% de la superficie terrestre ya ha sufrido algún tipo de impacto causado por el humano.

Estamos perdiendo naturaleza más rápido de lo que podemos recuperarla, y las consecuencias de ello son cada vez más claras. “Dependemos de la naturaleza. La mayoría de las cosas que tenemos, que consumimos, que necesitamos, vienen de ella: medicinas, alimentos, fibras y muchas otras cosas. Si la naturaleza es afectada la consecuencia es inevitable: todos nos afectamos. Y al revés, una naturaleza saludable beneficia a todos los seres de la Tierra. Y por supuesto también a nosotros,” señala Tarsicio Granizo, Director País WWF-Ecuador.

Además de ser el segundo país en el mundo con más especies de colibríes y el quinto en especies de aves, Ecuador también está entre los dos mayores productores de camarón. Los mares que hacen del Ecuador el segundo mayor procesador de atún a nivel mundial, también lo convierten en el hogar de la mayor población registrada de manta rayas gigantes en el mundo. La Reserva de Producción Faunística Cuyabeno no solo es hogar de tapires, jaguares y delfines rosados, sino además, es el escenario donde la comunidad de Zancudo Cocha produce cacao sostenible y se lo entrega a la reconocida empresa Pacari para elaborar uno de los mejores chocolates del mundo. Estos hechos son dos caras de la misma moneda; la riqueza en biodiversidad se traduce en recursos económicos, medios de vida para comunidades locales y fuente de alimento para los ecuatorianos.

Es por ello que resulta indispensable considerar el estado de la biodiversidad en el largo plazo, pues el bienestar de la naturaleza está directamente relacionado con el bienestar de nuestras sociedades. WWF-Ecuador impulsa la búsqueda de soluciones que permitan, a través de conocimiento técnico y científico, encontrar alternativas de bioeconomía en la naturaleza, mejorar las prácticas productivas reduciendo su impacto ambiental, y de esta manera, asegurar el desarrollo sostenible del país.

Granizo se refiere a la situación actual y asegura que “aún hay un debate muy serio sobre la relación entre las pandemias, la destrucción de la naturaleza, y la salud humana. Los bosques tropicales, como los que tenemos en la Amazonía y en el Chocó ecuatoriano, son el hogar de millones de especies, muchas aún desconocidas por la ciencia. No en vano somos uno de los 17 países más biológicamente diversos del planeta. Esta biodiversidad también incluye virus, que cuando cambian sus ambientes, pueden mutar velozmente y adaptarse a nuevas condiciones y nuevos anfitriones. La tala indiscriminada llevada a cabo en bosques tropicales crea inestabilidad en los ecosistemas, lo que conduce al desarrollo de enfermedades; ya se ha demostrado la conexión entre la deforestación y el incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue y la malaria. El ébola, el virus Marburg, la fiebre de Lassa, la viruela del simio y el precursor del VIH son una muestra minúscula de lo que podría convertirse en una miríada de enfermedades sin descubrir.”

“La crisis que estamos viviendo nos debe llevar a reflexionar sobre la relación de los seres humanos con la naturaleza. Las lamentables pérdidas humanas y los altos costos socioeconómicos de esta pandemia se deben, entre otros factores, a que nuestra relación con la naturaleza se ha vuelto insostenible, y sobre todo, a que hemos creado sociedades consumistas, sedientas de riqueza y comodidad, pero al mismo tiempo inequitativas y excluyentes”, señala el Director de WWF-Ecuador.

Nuestro relación con la naturaleza se ha vuelto insostenible; 75% de los ecosistemas terrestres están afectados por la degradación del suelo, la quema de combustibles fósiles, la sobreexplotación de recursos y la deforestación ya han causado un incremento de 1.5° C sobre la temperatura promedio mundial. Hemos llegado al límite, y nos acercamos a un punto sin retorno. En este Día Mundial de la Biodiversidad, es indispensable replantear la relación de la humanidad con la naturaleza e impulsar una reinvención de la normalidad, en la que finalmente se consideren y mantengan, en el largo plazo, todos esos vínculos que conectan el bienestar del planeta con el bienestar humano.

“El debate entonces será si recuperamos la economía en detrimento de la naturaleza, o si en verdad podemos conseguir de los tomadores de decisión, la voluntad y los recursos para impulsar los cambios sistémicos necesarios para garantizar un futuro justo, seguro y saludable para todos. Es decir, un planeta sano para una humanidad sana. Este es el momento de empezar a hacernos nuevas preguntas y a buscar nuevas respuestas.” concluye Granizo.
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